¿Por qué Circo?
El circo produjo históricamente, una cierta paradoja: espectáculos de amplia aceptación popular pero, que la alta cultura a menudo apartó del debate cultural por un presunto exceso de frivolidad o arte “vulgar.
Afortunadamente, hace algunos años, se produce un giro en esa lectura indiferente y el circo empieza a ser objeto de atención, tanto en el ámbito escénico como en el académico. Y comienza a despertar respeto y fascinación en artistas de la más variada formación, que encuentran en el circo la posibilidad de revalorizar sus características personales y únicas, muchas veces rechazadas por las disciplinas tradicionales.
Las fronteras de las artes son cada vez menos precisas. Alguien dijo que cada lenguaje artístico contiene a todas las otras artes a través de una especie de recuerdo inmanente, lo que se llama la memoria estética. Es por eso, que cada día más, el circo clásico se diluye en un entramado difuso de procedencias y, la pista toma ahora elementos gestados originalmente en la danza, en la gimnasia, el teatro, la escenografía o el cine, o en la propia historia del circo.
Sin olvidar el pasado y custodiando las valerosas señas de identidad arcanas (el riesgo, la fascinación, la parada final, la repetición ante el error), el circo nos abre sus pistas a personas de la mas variada procedencia: interpretes fascinados por el mundo de infinita creatividad que nace y nunca termina o inquietos buscadores de nuevas experiencias corporales, que buscan respuestas sensatas y desafíos profundos.
El circo nos invita y nos da la bienvenida a todos los que estamos dispuestos a generar una convivencia real entre todas las disciplinas artísticas: a través de la búsqueda incesante de superación, de la admiración y el respeto a la maestría artística y por sobre todo, a través del constante disfrute de la práctica. |

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